A veces me siento una rara raza fuera de la que pertenezco. Especialmente cuando nadie parece entender lo que siento, como si los códigos fueran diferentes.
Es tan fácil juzgar, tan cómodo. Y tan hipócrita. Porque no puedo admitir que a nadie le pasen las mismas cosas que a mí, creo que sólo prefieren no verlas, no reconocerlas, porque no se ajustan a los códigos que les rigen.
Enfrentar al resto es una batalla dura, y que lleva las de perder, porque el resto son muchos. Y sus armas son fuertes y antiguas como la humanidad. Y hacen que uno se sienta como en una isla, solo y abatido, ante el gran enemigo.
“Está mal”. “No se admite”. “No corresponde”. Me pregunto por qué molesta tanto que alguien se salga de las normas. Cuando ese salirse no implica molestar a nadie, ni dañar a nadie. En todo caso el daño me lo hago a mi misma. Pero sería mi problema. Y dudo que esos otros se preocupen tanto por mi integridad, más bien parece que mi posible frustración los afecta más que a mí. Y seguramente no es así.
Mientras tanto uno se deja llevar por las influencias de “los que nos quieren bien”, y se manda a vivir una vida que los conforme. Aunque no ocurra así con uno mismo, de hecho uno no está conforme sólo porque lo estén los demás.
Y el día que uno se decide, toma las riendas y arremete contra todos por defender lo que cree, se encuentra con que la fuerza de la oposición es realmente fuerte.
Que bueno estaría que cada uno se metiera en lo suyo y dejara de intentar salvarle la vida al que tiene al lado. Quizá se daría más oportunidades de salvar la propia.
Pero la realidad no es así, y algunos nos tiramos de cabeza queriendo emprenderla contra los molinos de viento, sintiendo que quedamos tan locos como el pobre Quijote. Esto si consideramos que estaba loco...
El problema parece ser que yo, no sé vivir de otra manera. No sé si eso es bueno o malo, pero tengo que admitir que cada vez se me hace más complicado esto de conformar a los demás. Me voy metiendo poco a poco en una situación egoísta en la cual las reacciones negativas de los otros empiezan a tener menos peso que la necesidad de serme fiel a mi misma. Menos hipócrita. Me dejo entibiar por el sol, mientras los demás opinan que el sol no es lo que necesito.
Supongo que debemos ser unos cuantos, los que en definitiva decidimos ponerle cara de “de acuerdo” al resto del mundo, mientras por dentro y en las sombras de nuestras vidas, no estamos para nada de acuerdo. Seríamos una banda de “hipócritas obligados”, (por ponerle un título que nos libere de culpas).
Debería crear una web, que podría llamarse “rebeladoscontralahipocresía.com”. Seguramente, en poco tiempo, encontraríamos aliados a montones. Y enemigos también a montones...
Y ahí voy yo, con mi sol “prohibido”, armando una vida nublada para los que así quieran verla, y tibia para mí. Compartiendo esa tibieza sólo con los otros “egoístas” como yo, capaces de aceptar el cambio.