Necesito mimos.
Desde ya, muchas gracias.
No soy una escritora, pero admiro a quienes sí saben hacerlo. Esa sensación de "cómo logró decir exactamente lo que yo pienso, con esas palabras perfectas", se intensifica cuando se lee a determinados autores. Robando Letra es eso: una recopilación de textos de esos grandes, que lograron hacerme sentir que yo nunca podré expresarme como ellos, pero puedo admirarlos, citarlos, disfrutarlos y pretender que otros los disfruten conmigo. Y a veces yo me animo a intentarlo, por qué no?.
Mi ciudad no tiene opciones, o yo no las conozco. Anoche salimos en grupo de amigas, 4 personajes de los más variados!. La flaca y sus líos, la doctorcita liberada, la incalificable de sil, y quien escribe.
Nos llevó demasiado tiempo decidir adonde ir, el cuarteto va de los cuarentaipico a los cincuentaipico y realmente La Plata, un sábado a la noche, pertenece absolutamente a la generación de nuestros hijos. Pero eso no nos iba a detener.
Elegimos la “zona de onda”, alrededor de las 23 hs.: diagonal 74 pasando plaza Moreno. Terminamos en un bar-resto muy bonito eligiendo cena mientras grupetes de señores solos se sumergían en la pantalla gigante del River-Boca ignorando nuestra radiante presencia. Pero eso no nos iba a detener.
Ojeamos la carta, la flaca atacó mollejitas en salsa de crema. La doctorcita y yo compartimos una picada y la incalificable un tostado de jamón y queso (¡!). eso sí, malbec de Grafigna para todas. Más tarde nos arrepentimos y a la segunda botella pensamos que nos merecíamos un Latitud 33 por lo cual cambiamos de rumbo. La doctorcita toma...bien, pero es lenta; lo cual la llevó a perder ventaja pobre. La flaca si no tomaba despacio la perdíamos antes de empezar. Y la incalificable de sil mucho no podía tomar dado lo frugal de su alimentación. Yo no tenía ninguna de esas excusas. Mientras comíamos y conversábamos cual cotorras el bolichito empezó a ser invadido por adolescentes que nos rodeaban parados con sus vasos (ellos no van a cenar) y nos envolvía una música cada vez más estridente que había reemplazado a los jugadores en la pantalla gigante. Se ponía molesto. Pero eso no nos iba a detener.
Ya no conversábamos...gritábamos y hacíamos señas desesperadas para entender lo que decía la de enfrente. Era una verdadera pena perderse esas anécdotas de la tía moni (la doctorcita). Las 3 restantes necesitábamos sentirnos por un rato las sobrinas de moni, sus consejitos son imperdibles!. La flaca, al lado mío, me traducía lo que entendía de moni porque la tenía enfrente; y yo le pasaba lo que entendía de la traducción a sil. Vaya a saber que quedaba de cada frase, porque estábamos prácticamente incomunicadas. La música iba en aumento, los pendex también, y nuestras cuerdas vocales, en retroceso. Pero eso no nos iba a detener.
Volemos!, tiene que haber algún lugar tranquilo para un cafecito relajado y poder escucharnos. “Vieron, les dije que mejor agarrábamos la autopista y en un ratito estábamos en Puerto Madero”, acotó la doc. Pero bueno, era la única salidora con experiencia del grupete y perdió la moción por minoría e inexperiencia de las otras 3. Cuando decidimos abonar la cuenta y retirarnos (previo despiole típico con el cambio) se acerca desde la entrada una figura masculina conocida...paren chicas...es o no es?, para mi sí, pero acá adentro bajaron las luces y no se ve un carajo. Mmmmm el pelo no...lo tiene demasiado corto...ma si, yo me paro y me acerco, total si no es doy media vuelta y vuelvo. Todo esto lo pensé sola en 2 milisegundo, con lo cual las señoras solo vieron como me levantaba y me iba de repente a abrazar a un señor indescifrable que avanzaba por el pasillo. Siii era el negro!!!!. Que alegría!!!!. Hacía mucho que no lo veía y encima andaba rebotando solo tan perdido como nosotras y sorprendido de la edad promedio de los visitantes del resto bar. Venga, agregamos un caballero. Lindo. Hablar no iba a hablar, al menos en grupo. Probablemente sí a solas conmigo porque nos conocemos hace muchos años y siempre tenemos cosas que contarnos. Pero en público, y en ESE público, el pobre no iba a emitir palabra. No importa. Lo invité igual, le hicimos un lugarcito y comentamos lo insólito de la situación pendejeril-musical-oscura del barcito. Pero como eso no nos iba a detener...lo agregamos a nuestra partida a cafecito tranquilo.
Allá salimos hacia camino centenario guiados por la doctorcita. Y aterrizamos en la sucursal de La Trattoria. Lindo, poca gente, sin música estridente, lugar disponible y cómodo para los 5. Todo perfecto. El cafecito necesitaba postre porque nos había quedado pendiente. Pero bueno...no fue cafecito...hubo cafés alcohólicos (si yo sola...tranquilas que aclaro), daikiri (esa no fui yo!!!, la flaca y la doc), cerveza para el negro, y brownies para compartir. Todo rico!. Pero me quedé con las ganas del daikiri!!. Y más charla, de temas variados. Obviamente el negro no iba a emitir sonido, eso fue parte de la conversación, igual aunque hubiese querido era casi imposible: entre nuestro cotorreo y el estado lamentable de la flaca (que no debió clavarse el daikiri) había razones suficientes para que no pudiera expresarse. A eso de las 4 de la mañana decidimos levantar campamento, pero ya se me había pasado la hora de la modorra, tenía un daikiri pendiente, el negro tenía cara de frases atragantadas y las chicas necesitaban dormir. Pero eso no me iba a detener.
La salida de la flaca fue...de antología. Aún intento entender como llegó hasta el auto.
Con el negro decidimos quedarnos de pasada a charlar tranquilos todo lo que no habia podido él y a invitarme el daikiri pendiente. Asi volvimos a la fuente: al mismo lugar del principio, que ya estaba atiborrado de niños y música insoportable. Caminamos un par de cuadras y encontramos un bar-pool más adecuado a nuestras edades. El daikiri...un desastre!. El pobre negro que es todo un caballero no se debe haber sentido bien. Pero igual ahí sí, hablamos hasta por los codos, nos contamos las vidas durante el lapso que no nos habíamos visto, sus vacaciones, las mías, los rollos de ambos (mentales eh)...bla, bla, bla y dos cervezas de litro. Yo empecé a sacar la cuenta: los dos tintos de los cuales me hago cargo de la mayoría, el cafecito alcohólico, el daikiri con ron extra, las dos botellas de cerveza...y estaba increíblemente lúcida!. Si...lo digo yo!.
Negro, entrá y comentá, no me abandones.
Cuando decidí que ya no era hora de estar ahí, salimos. “Acompañame a la esquina a tomar un taxi”. Ni falta que hacía, el negro es todo un caballero. Pero...era de día!, un solcito maravilloso asomaba tras la plaza, las 7 de la mañana!. No era yo, definitivamente. Sentí que no iba a poder dormirme, siempre me costó dormir de día. Pero nada que ver, caí cual bolsa de papas desmayada. Ma que alplax! Esto es mucho más efectivo y más placentero!. Me desperté a la una en un estado un poco molesto. Pero no importa, espero recuperarme, para eso me voy a la pileta.
Lo peor del cuentito, es que a días de cumplir los 44 pensaba las pocas veces que he hecho algo como lo de anoche. Y me sentía bastante boba, porque lo pasé genial. Una acumula cuentas pendientes, auto-reproches, broncas varias...
Pero eso no me va a detener.