Igual cuando dormís, dormís. No te desperté. Todo bien.
En el baño miro sin ver el espejo y repaso la rutina entre lapsos de mente en blanco. Que raro que funciona mi cabeza cuando recién me levanto. Como a “intervalos”. Pero no importa.
Durante la caminata al laburo cada cosa va ocupando su lugar al ritmo de lo que tenga ganas de escuchar.
No sé que vas a hacer hoy, por donde vas a andar. Pero sé que en algún momento del día nos vamos a encontrar, porque nos buscamos. Eso mantiene mi cara relajada y mis ganas vigentes. Seguís tu vuelo y yo sigo el mío. Y de a ratos volamos juntos.
En el cole me saludan bien. Eso es bueno, siempre hay alguna que otra cara de pocos amigos, pero las que me interesan me sonríen.
Empieza mi actividad de sanguijuela. Aprendí a absorber de estos pibes la energía que emanan, me cargo. Y me gusta saber que les puedo devolver un poco de esa energía: procesada, pasada por años, pasada por afecto y por ganas.
(Venís a mi mente... te imagino... te veo... listo.)
Más rutina no tan rutina.
Y me voy. A distintos lugares, camino. Pienso en qué comer. En qué comerás. En si comerás. Te cuido a la distancia. De a poco voy volviendo. Qué comerán los nenes... a ver a ver... algo que cuando les diga, les dibuje una sonrisota a cada uno.
Reencuentro. Que lío. Hablan al mismo tiempo. Todo a la vez todos juntos. No sé de que extraña manera logro decodificar los bla bla bla y se ordenan esas historias individuales.
Si duermen un rato puedo pensar, o escribir un poco, o leer, o todo eso con una buena música de fondo.
Rutina, rutina no tan rutina.
Que tendrás ganas de comer?. Volvés. A pesar del cansancio, tus ojos siguen siendo tus maravillosos ojos, que es donde primero se te nota el cansancio. Pero te seguís viendo lila. Lila brillante. Sé que en algún momento vas a sentarte conmigo a contarme tu día y a escuchar el mío.
Dejame que te abrace. Que te mire. Te extrañé. Pero estás ahí.
Ponete la tele que ordeno el nido. Y pongo el despertador otra vez.
Rutina, rutina, no tan rutina.
Hey vidita, te propongo un canje: te cambio los martes 2 por los jueves 4. De un “martes 2 real” a un “jueves 4 imaginario” hay una gran distancia. Tanta que es un abismo. Dale, te canjeo. ¿qué me pedís a cambio?.