Dos y 35 de la madrugada. No deberían haber avanzado así las agujas de mi reloj pero no pude evitarlo.
Necesito dormir y estoy cansada. Mi cuerpo y mi mente no parecen estar de acuerdo. El cuerpo da señales de alarma y la mente las exacerba. Y no descanso.
La culpa la tiene el miedo, cuando él murió no pude hacer nada. Parece que el efecto residual es que yo me muera, y nadie pueda hacer nada.
Loco no?.
Sí, seguramente. Para quien no lo entienda.
Sería más comodo creer en Dios, y suponer que hará algo al respecto, aunque ya demostró su incapacidad más de una vez con lo cual queda desacartado de las opciones de soga de la cual colgarse.
No sé que se hace durante el insomnio, prefiero dormir. El martini extra dry con limón sabe a agua.
Necesito una vuelta de página. O un abrazo.
No soy una escritora, pero admiro a quienes sí saben hacerlo. Esa sensación de "cómo logró decir exactamente lo que yo pienso, con esas palabras perfectas", se intensifica cuando se lee a determinados autores. Robando Letra es eso: una recopilación de textos de esos grandes, que lograron hacerme sentir que yo nunca podré expresarme como ellos, pero puedo admirarlos, citarlos, disfrutarlos y pretender que otros los disfruten conmigo. Y a veces yo me animo a intentarlo, por qué no?.
29 de abril de 2010
13 de abril de 2010
LA ERA TECNOLÓGICA
El cuarto se veía muy despojado, como si nadie lo habitara o quien lo hiciera no tuviese casi pertenencias.
Mucho piso de madera algo reseca, una cama de una plaza, un escueto ropero de estilo, una mesita de noche y una única lámpara colgando del techo perfectamente centrada en el cielorraso.
Una puerta comunicaba con el baño, aunque se mimetizaba con la pared de manera tal que había que observar dos veces para distinguirla.
No se veían adornos, ni libros, ni recuerdos. No había teléfono, televisor o equipo de música, ni donde enchufar nada eléctrico.
Un hombre joven y pulcro entraba y salía en horarios regulares, generando toda la intriga que Raquel pudo acumular. Se lo veía casi alegre, no expresaba emociones claras pero ella estaba practicamente convenicda de que no había tristeza, soledad ni desazón en ese rostro.
Raquel tenía su vida y sus ocupaciones, pero se interrumpían por la constante necesidad de saber cual sería su historia, por qué vivía solo y tan despojado de cosas materiales. Imaginaba todo tipo de conflictos sicológicos, o una intrincada historia de vida que lo antecedía, lo condicionaba, lo aislaba.
El no entablaba conversaciones, solo saludaba amablemente a cualquiera que lo mirase a los ojos.
Llegó el momento en que Raquel se le acercó, se atrevió y preguntó:
- Disculpe...¿usted tiene una vida felíz?
Inmediatamente se sonrojó, no podía creer haber formulado su pregunta de manera tan directa y tan infantil.
El le devolvió una sonrisa clara y serena que no necesitaba el "Sí, por supuesto" con que la subrayó.
La convenció sin más.
Raquel quiere saber cómo y por qué.
Se va a tomar un tiempo, la curiosidad se le transformó en una especie de pánico.
Mucho piso de madera algo reseca, una cama de una plaza, un escueto ropero de estilo, una mesita de noche y una única lámpara colgando del techo perfectamente centrada en el cielorraso.
Una puerta comunicaba con el baño, aunque se mimetizaba con la pared de manera tal que había que observar dos veces para distinguirla.
No se veían adornos, ni libros, ni recuerdos. No había teléfono, televisor o equipo de música, ni donde enchufar nada eléctrico.
Un hombre joven y pulcro entraba y salía en horarios regulares, generando toda la intriga que Raquel pudo acumular. Se lo veía casi alegre, no expresaba emociones claras pero ella estaba practicamente convenicda de que no había tristeza, soledad ni desazón en ese rostro.
Raquel tenía su vida y sus ocupaciones, pero se interrumpían por la constante necesidad de saber cual sería su historia, por qué vivía solo y tan despojado de cosas materiales. Imaginaba todo tipo de conflictos sicológicos, o una intrincada historia de vida que lo antecedía, lo condicionaba, lo aislaba.
El no entablaba conversaciones, solo saludaba amablemente a cualquiera que lo mirase a los ojos.
Llegó el momento en que Raquel se le acercó, se atrevió y preguntó:
- Disculpe...¿usted tiene una vida felíz?
Inmediatamente se sonrojó, no podía creer haber formulado su pregunta de manera tan directa y tan infantil.
El le devolvió una sonrisa clara y serena que no necesitaba el "Sí, por supuesto" con que la subrayó.
La convenció sin más.
Raquel quiere saber cómo y por qué.
Se va a tomar un tiempo, la curiosidad se le transformó en una especie de pánico.
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