A mi esposa le gusta decir
que hay dos tipos de personas
Los que buscan placer...
...y los que huyen del dolor.
Lorelei Cranston está huyendo.
Huyendo de todo tipo de cosas
Probablemente lo ha hecho toda su vida.
Si me preguntas, te diré que
nadie puede escapar del dolor.
Está ahí cuando te cepillas
los dientes por la noche...
...está ahí antes de desayunar...
...saldrá siempre...
...se aferrará a ti con fuerza.
Lo más que puedes
esperar es un buen día.
Porque en un día bueno,
puedes decirte:
"Puedo arreglar esto"
"Hoy puede ser diferente"
"Hoy algo puede cambiar"
A mi esposa le gusta decir
que hay dos tipos de personas:
Los que buscan placer...
...y los que huyen del dolor.
Quizá tenga razón.
No lo sé.
Lo que sé, es esto:
El placer te ayuda a olvidar.
Pero el dolor...
El dolor te obliga a tener esperanza.
Te dices a ti mismo:
"Esto no puede durar"
"Hoy puede ser diferente"
"Hoy...algo puede cambiar".
Necesito dormir y estoy cansada. Mi cuerpo y mi mente no parecen estar de acuerdo. El cuerpo da señales de alarma y la mente las exacerba. Y no descanso.
La culpa la tiene el miedo, cuando él murió no pude hacer nada. Parece que el efecto residual es que yo me muera, y nadie pueda hacer nada.
Loco no?.
Sí, seguramente. Para quien no lo entienda.
Sería más comodo creer en Dios, y suponer que hará algo al respecto, aunque ya demostró su incapacidad más de una vez con lo cual queda desacartado de las opciones de soga de la cual colgarse.
No sé que se hace durante el insomnio, prefiero dormir. El martini extra dry con limón sabe a agua.
Necesito una vuelta de página. O un abrazo.
Mucho piso de madera algo reseca, una cama de una plaza, un escueto ropero de estilo, una mesita de noche y una única lámpara colgando del techo perfectamente centrada en el cielorraso.
Una puerta comunicaba con el baño, aunque se mimetizaba con la pared de manera tal que había que observar dos veces para distinguirla.
No se veían adornos, ni libros, ni recuerdos. No había teléfono, televisor o equipo de música, ni donde enchufar nada eléctrico.
Un hombre joven y pulcro entraba y salía en horarios regulares, generando toda la intriga que Raquel pudo acumular. Se lo veía casi alegre, no expresaba emociones claras pero ella estaba practicamente convenicda de que no había tristeza, soledad ni desazón en ese rostro.
Raquel tenía su vida y sus ocupaciones, pero se interrumpían por la constante necesidad de saber cual sería su historia, por qué vivía solo y tan despojado de cosas materiales. Imaginaba todo tipo de conflictos sicológicos, o una intrincada historia de vida que lo antecedía, lo condicionaba, lo aislaba.
El no entablaba conversaciones, solo saludaba amablemente a cualquiera que lo mirase a los ojos.
Llegó el momento en que Raquel se le acercó, se atrevió y preguntó:
- Disculpe...¿usted tiene una vida felíz?
Inmediatamente se sonrojó, no podía creer haber formulado su pregunta de manera tan directa y tan infantil.
El le devolvió una sonrisa clara y serena que no necesitaba el "Sí, por supuesto" con que la subrayó.
La convenció sin más.
Raquel quiere saber cómo y por qué.
Se va a tomar un tiempo, la curiosidad se le transformó en una especie de pánico.
Pero no dejaba de reír. Como si intentara enseñarme desde la práctica de la vida misma. Y era absolutamente didáctica. Dejaba ver sus seguridades y sus no, sin importarle demasiado que se notara. Íntegra, bella, emprendedora, una mujer-aplanadora con varias cuentas pendientes aunque no pesadas, capaz de asumirlas, verbalizarlas, sufrirlas y perseguirlas.
Nos reencontramos cada tanto y logramos hacerlo justo adonde habíamos dejado. Como Juan y José. Yo la admiro y ella me agradece haciéndome sentir que mis opiniones son importantes. Quizá sea solo afecto, la misma frecuencia. Pero nos disfrutamos mutuamente y creo entender por qué: somos dos gorriones con disfraz de halcón porque nos sienta bien, nos queda cómodo; mujeres solas pero no del todo entendiendo mientras media la vida que la felicidad está en las próximas 24 horas; ni mejores ni peores que ninguna porque no nos importa.
Aparece y desaparece igual que yo. La diferencia es que por alguna razón a ella la veo para grandes cosas, como si destilara efluvios de éxito, como una videncia de esas en las que jamás creí cada vez que la reencuentro espero las noticias de sus logros. Y siempre hay.
"Soy muy mala" - agregó de repente siempre con la risa blanca.
No le dije que no. No es necesario. Jugamos con las mismas cartas.
Secate la lágrima, mientras se te dibuja la sonrisa.
En otras ocasiones intentamos dar razones que convenzan a las personas que nos rodean de que nuestros actos han tenido que realizarse así y no de otra manera, y que los ajenos son siempre los equivocados.
Se puede afirmar que los juicios morales son posibles por el Sentido Moral. Es el conjunto de esquemas, normas y reglas que hemos adquirido a través de nuestra educación, familia y medio ambiente, y que mantenemos en el momento de emitir un juicio moral. Si revisamos nuestra propia historia individual, podremos recordar, con facilidad, lo que a lo largo de ella se nos ha trasmitido, un conjunto de reglas o normas morales, pautas de conducta. Pero quién nos las ha trasmitido?. En primer lugar, nuestra familia, luego, las instituciones educativas en las que hemos estado, también la propia sociedad en la que vivimos y de la que dependemos.
Algunas veces puede parecer más fácil huir de una situación que enfrenta un conflicto serio, que trabajar con esos problemas y llegar a compromisos. Es imposible que entre los grupos humanos no existan problemas y hasta conflictos graves. Si dentro de nosotros mismos existen conflictos y problemas que se nos hacen difíciles de resolver, ¿cuanto mas entre personas de diferentes caracteres, cultura, nacionalidades, temperamentos, etc., habrá conflictos?
Pero si nos limitamos a juzgar y condenar al prójimo no llegaremos nunca a la etapa de trabajar los problemas y llegar a compromisos.
Si nos quedamos en el “ojo por ojo…” terminaremos en un mundo de ciegos.
UN SOPLO DE EGOÍSMO
UN REVOLCÓN CON LA SOBERBIA
UN PASEO POR LA PERVERSIÓN
UNA DUCHA DE EGOCENTRISMO
UN FRANELEO CON EL INTERÉS CREADO
UN ABRAZO CON LA ESTUPIDEZ
DE LA MANO ETERNA DE LA MENTIRA
CALCULANDO COSTO-BENEFICIO
EN EL OLVIDO CONSTANTE DE LO HUMANO
CON UN DISCURSO ENVOLVENTE
UNA MÁSCARA SONRIENTE O LACRIMOSA
SEGÚN LA OCASIÓN
UN CÁLCULO PERFECTO, UNA VIDA IMPRECISA
Y AÚN ASÍ….
AMÉN.


