Mostrando entradas con la etiqueta serrat. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta serrat. Mostrar todas las entradas

24 de enero de 2008

¿Por qué él si y yo no? Te admiro Nano.

Dicen..
Sería fantástico
que yo estuviese equivocado
y que el water no estuviese ocupado.

Que hoy hiciese un buen día
y que no nos engañaran en el peso.
Que San Pedro, no cantase ni aunque le pagaran.

Sería fantástico
que nada fuera urgente.
No pasar nunca de largo y servir para algo.
Ir por la vida sin cumplidos
llamando a las cosas por su nombre.
Cobrar en especies y sentirse bien tratado
y mearse de risa y dejar volar la fantasía.

Sería todo un detalle,
todo un síntoma de urbanidad,
que no perdiesen siempre los mismos
y que heredasen los desheredados.

Sería fantástico
que ganara el mejor
y que la fuerza no fuera la razón.

Que se instalara en mi barrio
el paraíso terrenal.
Que la ciencia fuera neutral.

Sería fantástico
no pasar por el tubo.
Que todo fuera como está mandado y no mande nadie.
Que llegara el día del sentido común.
Encontrarse como en casa en todas partes.
Poder ir distraído sin correr peligro.
Sería fantástico que todos fuéramos hijos de Dios.

Sería todo un detalle
y todo un gesto, por tu parte,
que coincidiéramos, te dejaras convencer
y fueses como yo siempre te imaginé.

15 de septiembre de 2007

AMISTAD en mayúsculas

Esta canción de Joan Manuel Serrat me parece una de las mejores descripciones de la amistad que he escuchado. Espero que se hagan unos minutos para escucharla, reparen atentamente en la historia, y me cuenten que les parece. Para los vagos, les dejo la letra con una recomendación: leerla y escucharla al mismo tiempo.



Juan y José
sentados contra el muro del frontón
hacían planes mientras reponían fuerzas.
Dudaban
entre ir a la escuela o al río a pescar,
cuatro cangrejos para la merienda.
Nadie jamás vio amigos más unidos que esos dos
que a un tiempo descubrieron
el fuego del licor, el brillo del dinero,
el automóvil, el cine y la mujer.
Tibio era el Sol,ancha la mar
y el mundo aún por estrenar.
A Juan y a José
se les acabó pronto la niñez
segada con la mies, pisada por los bueyes.
Y mientras José
tomaba los caminos de la mar
el otro le despidió desde el muelle.
Del que se fue
llegaron cartas con olor a ron
cargadas de promesas
que Juan leía mientras ponían la mesa
y releía sin prisa en el café.
Caña dulce, mamey colorao,
verde la palma, blanca la garza,
con un ojo abierto, en la charca,vigila el caimán.
Cómo puedes conformarte, Juan
con un solo cielo si hay toda una América
del otro lado del mar.
José viajó
de las Antillas a la Cruz del Sur,
Huaquero en Fundación, buhonero en la Puna,
cafisho en un quilombo flotante en el Paraná,
y con los años llegó a hacer fortuna.
Juan se quedó
trabajando la tierra y se casó
con su novia de siempre.
Después los años discurrieron mansamente...
Frío en invierno y en verano calor.
Tibio era el Sol
los días que
llegaban cartas de José.
Juan y José
volvieron a encontrarse en el frontón
medio siglo después, y como si tal cosa
Juan preguntó:"¿A cuál le vas... azul o colorao...?"
y respondió el indiano: "Al que vaya a esa moza...
Qué cosas, Juan,tanto rodar y estamos otra vez
en donde lo dejamos..."
"Pero a ti, Pepe, que te quiten lo bailado...
Y gracias, Pepe, por llevarme a bailar."
Caña dulce,mamey colorao.
Tú cabalgabas
y yo iba a la grupa
en las largas tardes junto a la estufa
del viejo café.
Con las alas de tus cartas, José,
atravesé todos los cielos de América
contigo,¡Amigo!

5 de abril de 2007

Otra del nano

En el año 2003, Daniel Rabinovich (Les Luthiers) le pide a Serrat que le escriba el prólogo de su libro "Cuentos en Serio". El breve fragmento de ese prólogo que cito debajo, es para nosotros los blogueros y para los que no lo son, pero que también buscan la manera de escudarse tras la lapicera o el procesador de textos.

¿Qué impulsa a un tipo, que no se gana la vida con la literatura, a escribir, sea actor o veterinario, pongamos por caso? ¿Por qué hay gente a la que le basta su rutina, en algunos casos maravillosa, y hay picaflores que necesitan probar de aquí y de allá? Pues, qué sé yo... Acaso sea el deseo sin tregua de mostrarse de tantas formas distintas como sea posible, de reconocerse al derecho y al revés, de expresarse a los cuatro puntos cardinales, de dar salida a los fantasmas que nos circunvalan de las tripas al cerebro y viceversa, junto a la necesidad de comunicarse con sus semejantes e incluso más allá, con el resto de los seres vivos. ¿Qué impulsó en este caso concreto al señor Rabinovich a escribir este manojo de cuentos? Francamente y aun a sabiendas de que lo más probable es que me equivoque, creo que, tratándose en este caso de un autor que es escribano, argentino y judío, además de las suposiciones anteriores le ha estimulado el descubrimiento de que a medida que uno ventila por escrito sus pesadillas y sus sueños, sus visitas al analista se van espaciando y uno dispone de más tiempo libre para sacar a mear al perro e invierte menos plata en calidad de vida. Deseando que disfruten estas historias; que el duende manso del vino, como diría el maestro, nos acompañe sin rencores; que las mujeres nos sigan amando dentro de nuestros merecimientos, y sobre todo que la naturaleza nos permita responder a sus requerimientos como caballeros, aprovecho la ocasión para saludarles afectuosamente y todos tan contentos. Todos, a excepción del analista de Daniel.

1 de marzo de 2007

De Joan Manuel Serrat, que andará seguido por aquí.

Contaba el nano en el concierto de Ayamonte, en 1975:
«Esta canción –esta que viene– es un homenaje pequeño, dentro de las posibilidades de homenaje que puede tener una canción. Un homenaje, decía, a una muchacha rubia, de ojos azules, que fue mi primer amor, pero así mi primer amor a lo bestia. Yo andaba descubriendo el mundo a unas cuatro cuartas del suelo, poco más o menos, y ella estaba siempre cada mañana delante mío con un guardapolvos blanco. Era mi maestra. Se llamaba –se llama todavía, por suerte para todos– Conchita Plasencia Monleón. Era la hija de la lechera de mi calle, la hija de la señora Antonia, y de ahí esa profunda relación que nos unía. Yo prefiero en vez de contarles quién era, contarles lo que dice la canción, que es a lo que vamos. Empieza como empiezan los cuentos, con aquello de "Érase una vez..." y dice: ... (la traduce) Eso dice poco más o menos la canción para mi maestra, para Conchita Plasencia Monleón...»

Como docente que soy, sentir la dulzura con que este buen señor recuerda a su maestra, me hace temblar toda la estantería. Pero me da pie para reconocer, que más allá del artista, el compositor y el cantante, este caballero es un gran "contador". Quienes hayan frecuentado sus recitales sabrán de esas fantásticas reseñas de introducción de algunas canciones...y quienes no...de a poco se las irán enterando por aquí. Quien pudiera "introducir" de esa manera...y encima que lo que sigue...sea mejor aún!...no?. Que don.
Por si les interesa, acá dejo la traducción de la canción a la que se refiere:
Érase una vez... usted, maestra,
y su mundo de tintero y banco,
pizarra y delantal blanco.
Buenos días, por la mañana, nos decíais, en pie
entre dos fotografías y una cruz,
una oración y una canción
y un beso en la mejilla.
Buenos días, maestra...
Pero usted nunca supo, maestra,
que cuando quería que cantara
que tres por una eran tres
mis ojillos arañaban francamente
las rodillas que púdicamente
usted apretaba y apretaba,
pero un número no vale
lo que una piel rosada.
A pesar de que nos hacía ir a la iglesia
y me quitaba el regaliz aquél
era un mundo pequeño y maravilloso,
un mundo de tizas de colores
que usted pintaba y usted borraba...
Sólo usted, rodeada de curas,
le daba la razón de llamarse "niños"
a un mundo de cuatro palmos.
Y si alguna vez piensa en mí, maestra,
que de sus ojillos azules
nazca siempre aquella paz
que me hacía un poco más dulce la escuela
y que no se le haga un nudo en la garganta
diciendo: «qué han hecho...», «a dónde
han llevado a mi puñado de pequeños...»
porque usted no sabía, maestra,
que el mundo es siempre el mundo,
que el hombre siempre es el hombre,
pero no es lo mismo su olor,
¡ay! maestra, que el aire de la calle.